viernes, 30 de octubre de 2009

El camino hacia una “crianza positiva”

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Es increíble como influye en cada uno de nosotros las afirmaciones ya sean negativas o positivas.

Y es más sorprendente aun lo que puede influir este tipo de actitudes, acciones o posturas frente a los más pequeños de la casa y más aun cuando son echas por los padres.



Solemos recordar e incluso creernos todo aquello que nuestros padres dicen de nosotros, o nos dicen directamente. Esto influye negativa o positivamente en nuestra vida y nos condiciona, moldeando nuestro comportamiento.

Las palabras suelen grabarse en nuestros corazones y nuestras mentes como se si fueran escritas con un fierro ardiente, por eso comentarios tan comunes en la calle como “mi hijo es un trasto”, “es que eres un bruto” (hablándole directamente al niño), “así nunca tendrás amiguitos” dichos a un bebé de meses o a un adulto refiriéndose a su pequeño de 2 o 3 años, mientras el presencia la conversación, no pueden llevar a nada bueno. 

Así como tampoco llevará a nada bueno decirle a un adolescente, “tu no vas a llegar a nada en la vida”, “mi hijo es un bueno para nada”, “tu vas a pasar de verde a podrido” (refiriéndose a que no madurara nunca) o “eres igualito a…” (recordando a un familiar o conocido que tiene algún defecto conocido por todos).

Mi pregunta es ¿qué se espera lograr con comentarios como estos? 

Reflexionemos, porque si se quiere lograr un cambio positivo en el niño o adolescente, lo que se esta logrando es todo lo contrario. En vez de alabar las virtudes y enseñar a corregir los defectos estamos reforzando los estos mismos defectos y mostrándole al niño que son algo inalterable en su personalidad.

Sin darnos cuenta estamos haciendo que nuestros hijos sean aquello que queremos evitar.

No se puede negar que nuestros hijos nacen con un carácter o un tipo de actitud predeterminados ante las cosas de la vida, pero la influencia de nuestras palabras (y no solo de las nuestras, sino también de las personas que consideran ejemplos como sus profesores, amigos, etc.) sobre ellos, es muchas veces infravalorada.

Somos responsables en gran medida por los errores, virtudes o defectos de nuestros hijos, pero… ¿Que hacer entonces para que todo salga como debe ser? ¿Qué hacer para que nuestros hijos sean autosuficientes, sensatos, inteligentes, amables, colaboradores, bondadosos, decididos, y un montón de cosas positivas que al final se resumen en el anhelo de criar personas felices y hombres y mujeres de bien?

Pues no hay magia

Uno como madre o padre puede y debe hacer todo lo que este en sus manos por el futuro de su hijo. Y esto incluye enseñarles a amarse a si mismos y crearles una conciencia positiva ante los errores de modo que estos nunca lleven a la conformidad con la derrota, sino a la aceptación de la derrota como un medio para el aprendizaje y para el logro de victorias mejores y mas valiosas espiritualmente.

Por otra parte, también debemos resignarnos a la idea de que al final las cosas no saldrán como esperamos. Creo que eso forma parte de la vida. Porque como personas que son, nuestros hijos también tienen en sus manos todo un abanico de posibilidades y será su decisión escoger cual camino tomar.

Por eso es importante tener la tranquilidad de que hemos hecho y hacemos lo mejor posible, por y para ellos, porque “¡nuestros hijos son excelentes personas!”

Ah, y otra cosa… no siempre lo inesperado ocurre para mal, a veces el resultado es mucho mejor de lo esperado… y si llega el momento en que nuestro hijo no logra todo aquello que esperaba de si mismo, al menos siempre sabrá que estamos a su lado… y que para el siempre habrá un: “Hijo, tu no te preocupes, vas a lograr todo aquello que te propongas” o un “Tranquilo, todo saldrá bien”.

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