jueves, 18 de octubre de 2018

Bilinguismo, educación y familia


Cuando Etna me propuso escribir en su blog y sobre bilingüismo pensé "¿Yo? 

Yo sé hablar de Inter-generacionalidad" pero llegó Etna con su carga de argumentos "Vamos a ver, Anaís. ¿Que en tu familia no habláis varios idiomas? ¿Que los idiomas no se trasmiten de generación en generación?" Touché. Y aquí estoy, hablando de bilingüismo. 

En mi libro "Misterio en el Pinar" los tres niños protagonistas hablan varios idiomas: Gabriel vive con su madre en París mientras que sus primos Adrián y Laura viven en Frankfurt con sus padres.
Saben muy bien lo que es pasar de una lengua a otra, de una cultura a otra, de un país a otro. La realidad que viven Gabriel, Laura y Adrián es cada vez más común. 

Los desplazamientos a otro país por trabajo, por buscar mejores condiciones de vida siempre han existido. Lo que diferencia las generaciones actuales de las anteriores es la posibilidad de contacto, diario si se desea, con lo que se quedaron. 

Que haya 100 ó 10.000 km con el lugar de origen ya no plantea más problema que disponer de una conexión a internet y calcular las diferencias horarias. Existen las herramientas tecnológicas necesarias para que miembros de diferentes generaciones se inter-relacionen y, sobre todo, se vinculen afectivamente. 

Las limitaciones de una vinculación que se queda únicamente en lo virtual porque por motivos económicos o políticos no puede darse de otro modo es un tema que puede dar para mucho, pero en este momento, estamos hablando de bilingüismo y en este tema en concreto, aun así, no se me ocurren más que aspectos positivos. 

Porque para mí, transmitir la(s) lengua(s) familiar(es) es siempre un regalo. Es dar raíces al niño, una vinculación con su pasado, con su lugar de origen. 

No importa que la lengua no tenga muchos hablantes, o que las posibilidades de volver sean remotas. Si el padre o la madre deciden transmitir ese legado, creo sinceramente que hay que apoyarlos. Y sé que es duro. 

Cuando eras una mamá con uno o varios hijos pequeños, intentando lograr que hablan ese idioma que es el tuyo... pero a tu alrededor nadie lo habla. Te miran raro por la calle, porque eres distinto y también deseas que tus hijos se integren en la comunidad donde están creciendo. ¡Cuesta mucho! 

Las conexiones con cámara han abierto un mundo nuevo de posibilidades. Ahora se puede desayunar con los abuelos, jugar al escondite con los primos (sí, os aseguro que se puede. Yo lo he hecho) y muchas cosas más, que sólo dependen de la imaginación de cada familia. 

Por supuesto, el padre o la madre deben seguir comprometido con la transmisión del idioma.

Debe seguir hablando con sus hijos cada día, aunque ellos le contesten en la lengua del idioma del lugar de residencia. Pero cuando llega el fin de semana y se ha planificado una video-llamada con la familia que queda lejos, esa lengua adquiere una nueva dimensión porque de repente, se vuelve real para los niños. 

Y real, desde el punto de vista infantil, significa que se vuelve emocionalmente importante porque los vincula con alguien a quien aman, aunque esa persona esté a miles de kilómetros de distancia.

Esa es mi experiencia familiar. 

¿Y tú, como ves esto del bilingüismo?

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Con este artículo comienzo una nueva sesión de invitados a mi blog. Este especialmente ha sido realizado por la escritora Anais Bellido.
Anais Bellido es escritora de libros infantiles, madre, hija, sobrina... y una estudiosa en temas de educación. Puedes ver algunos de sus libros en amazon, siendo el primero: Misterio en el Pinar